El colorete y los polvos bronceadores resultan indispensables en cualquier maquillaje. No solo definen tu rostro o te dan un toque como besado por el sol, también, permite ver un look saludable y fresco. Muchas veces, las mujeres no saben si utilizar uno o el otro --¿la clave? Aplicar los dos, en cantidades justas, para lograr un maquillaje perfecto.
Empieza con el bronceador. Toma una brocha gruesa o kabuki y espárcelo donde, naturalmente, el sol broncearía primero; tienes dos opciones, en forma de “W” –sien, pómulos y nariz- o en forma de “E” –frente, mejillas y mentón-.
Completa con rubor, utilizando una brocha para ello, en el centro de tus mejillas (manzana) y ¡listo!
Si te aventuras a usar alternativas diferentes como bronceador o colorete en gel o en crema, aplica el primero en todo el rostro (asegúrate de que tenga poco o nada de brillo y que sea un tono que combine con tu piel) y prosigue con la misma técnica del rubor. Recuerda, menos es siempre más –ve construyendo el efecto poco a poco para evitar arruinar tu base o lucir exagerada.